¿Quieres dejar de pelear constantemente con tu hij@ para hacer las cosas? ¿La hora de los deberes, la ducha, irse a dormir, etc, es siempre una batalla? ¿Te gustaría tener que enfadarte menos con él/ella? ¿O ves que hay alguna situación que le causa problemas? Como la hora de dormir, el momento de ir al cole, la oscuridad. ¿Se le escapa el pipi por las noches? ¿Tiene alguna manía o tic que repite constantemente y le genera dificultades? Si lo que te preocupa es alguna de estas cosas, o cualquier otra, podemos trabajar para que todos os sintais mejor en casa. Para que vuestr@ hij@ y vosotros seais más felices.

Es cierto que tanto nosotros, como nuestros hijos, lo hacemos siempre lo mejor que sabemos y nos esforzamos al máximo para que las cosas vayan bien. Aún así educar a un niñ@ es una tarea muy complicada y a veces nos vemos en situaciones en las que, por mucho que nos esforcemos, no conseguimos que las cosas funcionen, al menos no de la forma que nos gustaría.

Sea cual sea tu situación estoy convencido de que, si decides trabajar conmigo, podemos conseguir que las cosas mejoren.

Algunos de los problemas que trabajo habitualmente en mi consulta de psicología son:

Si quieres empezar a trabajar para que las cosas vayan mejor en casa y para que todos seais más felices, no esperes más, contacta conmigo y pide una cita. Estaré encantado de poder ayudarte.

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Problemas de conducta

Ser padres puede ser una experiencia maravillosa pero no siempre es una tarea fácil. Todos intentamos hacerlo lo mejor posible. Ponemos en práctica todo aquello que sabemos para resolver las situaciones conflictivas con las que nos vamos encontrando a lo largo de la vida de nuestros hijos. A veces tenemos muy claro cómo tenemos que actuar, pero muy probablemente, muchas otras se nos plantean dudas: “¿Qué tendría que hacer?, ¿Estoy haciéndolo bien?, ¿Funcionará?, ¿Por qué no me hace caso?, ¿Tendría que actuar de otra forma?, ¿Es normal que se comporte así?, ¿Tengo que permitírselo?, ¿Ya tendría que hacer esto sólo?, etc.” En todas esas situaciones acabamos tomando una decisión y actuando en consecuencia, siempre intentando conseguir el mejor resultado posible. Muchas veces funciona y acabamos consiguiendo que las cosas avancen tal y como consideramos que es lo adecuado, pero muchas otras no conseguimos encontrar la respuesta correcta y pasado el tiempo parece que las cosas se van complicando cada vez más. Las rabietas se complican, la desobediencia aumenta y muchas situaciones se convierten en una pelea constante, lo que acaba generando malestar tanto en nosotros como en nuestros hijos.

Trastornos de ansiedad: miedo a la oscuridad, fobia escolar, angustia por separación, otras fobias.

Los niños viven diferentes miedos conforme van creciendo, desde el miedo a los ruidos fuertes, pasando por el miedo a separarse de los padres, a la oscuridad, los animales, los monstruos, las tormentas, hasta el miedo a la muerte cuando descubren y comprenden lo que és. Son miedos normales y adaptativos y cuando el niño los afronta adecuadamente no son más que una etapa en el desarrollo que les permite aprender y avanzar. En cambio si el niñ@ no consigue superarlos se convierten en un problema porque le impiden hacer su vida normalmente, le generan ansiedad y sufrimiento innecesarios e incluso a veces vergüenza. Además, como padres, también nos generan malestar, primero por no poder ayudarles a vencer sus miedos y segundo porque interfieren en los hábitos diarios y convierten algunos momentos como ir a dormir o al cole en una pelea constante.

Problemas de sueño: dificultades para dormir, pesadillas, terrores nocturnos.

Todos nacemos con la capacidad de dormir, es una necesidad biológica y la tenemos preinstalada al igual que la capacidad de respirar, comer o escuchar. A pesar de ello cada uno de nosotros terminamos durmiendo de una manera y esto es porque aunque tenemos la capacidad aprendemos a utilizarla de formas distintas. Para los niños es los mismo, todos pueden dormir, pero cada uno aprende a hacerlo de una forma distinta. En muchas ocasiones el aprendizaje es bueno y no genera dificultades, en otras la forma en que nuestro hijo ha aprendido a conciliar el sueño genera sufrimiento tanto en él, como en nosotros porque ninguno descansamos de la forma adecuada. Sólo se duerme al brazo, se despierta muchas veces por la noche, nos llama para pedirnos muchas cosas antes de dormirse, no quiere dormir en su cama, etc. En otros casos aunque el aprendizaje ha sido bueno y nuestro hijo sabe dormir bien, lo que interfiere en su descanso es el miedo a la oscuridad y esto genera las mismas batallas y malestar que un mal hábito de sueño.

Dificultades de aprendizaje

El ritmo de aprendizaje de cada niño es único y aunque muchos pueden aprender lo mismo durante las mismas etapas, esto no siempre se cumple al 100% para todos. Nuestro sistema educativo marca unos ritmos determinados, unos períodos de tiempo en los que hay que adquirir aprendizajes complejos, como la lectura, la escritura o el cálculo entre otros. Aunque cada vez se busca más respetar las potencialidades individuales y el ritmo de desarrollo de cada niño, lo cierto es que todavía hay mucho camino que recorrer en ese sentido. Así, si un niño no ha desarrollado todavía las capacidades necesarias y se le intenta enseñar algo complejo es muy posible que tenga dificultades para aprenderlo. Y si ese aprendizaje inicial es inadecuado y no se le pone solución, muy probablemente el niño vaya teniendo cada vez más dificultades.

Además de todo esto, también hay otros elementos que son importantísimos y que igualmente pueden causar problemas de aprendizaje aunque el niño ya tenga la capacidad necesaria. El hábito de estudio, la motivación, la capacidad de esfuerzo y unas buenas rutinas también son fundamentales para que cualquier niño pueda afrontar su educación de forma exitosa. Y todas estas son cosas que también se aprenden y es necesario transmitir a nuestros hijos de forma adecuada para que puedan tener el éxito que todos deseamos para ellos.

Afrontamiento de cambios en la situación familiar

Existen cambios en la situación familiar que pueden suponer modificaciones importantes en las rutinas y el funcionamiento diario en la vida de un niño. Ejemplos de este tipo de cambios serían el nacimiento de un hermano, el cambio de domicilio familiar o la separación de los padres. Situaciones cómo estas siempre van a provocar alteraciones en los niños. Pueden estar más nerviosos, algo más desobedientes o quizá más susceptibles y emocionales. Si conseguimos afrontarlo de la forma adecuada podrán gestionar los cambios y terminarán por adaptarse a la nueva situación. En cambio si nos encontramos con dificultades a la hora de gestionarlo el niño acabará sufriendo y le resultará difícil comprender cómo afrontar la nueva situación que le ha tocado vivir.

Enuresis y encopresis

Conforme los niños van creciendo y madurando, tanto fisiológica como psicológicamente, van adquiriendo la capacidad de desarrollar nuevas habilidades. Coger cosas, comer sólidos, gatear, andar, hablar, razonar, son capacidades que nuestros hijos van aprendiendo cuando están preparados para ello. Aunque cada uno las aprende en un momento determinado, existen franjas de tiempo en las que la mayoría desarrollan la misma habilidad. La mayoría de niños caminan alrededor del año, por ejemplo. El control de esfínteres también es una de esas capacidades y aunque es cierto que cada niño sigue un ritmo distinto, sí podemos decir que entre los 2 y los 4 años todos están preparados para controlar sus esfínteres y decidir cuándo orinar o hacer sus deposiciones. En la mayoría de ocasiones, cuando la forma de enseñar de los padres es adecuada y se adapta a la maduración de los niños, aprenden de forma más o menos sencilla. Pero también hay otras veces, que por mucho que se ha intentado, sigue habiendo dificultades pasados los 4 años de edad, principalmente problemas con el pipi por las noches. Incluso en estos casos, es posible que por sí sólos consigan finalmente controlar sus esfínteres de forma completa, pero también es cierto que sin un aprendizaje adecuado esto puede llevarles mucho tiempo o quizá no terminar de llegar nunca. Conforme los niños van creciendo los problemas de control de esfínteres pueden ir causándoles cada vez más dificultades y ocasionarles un sufrimiento en absoluto necesario.

Depresión infantil

Un niño no se deprime fácilmente. Su forma de ser, de sentir y de vivir el momento les protege contra ello. Disfrutan casi cada actividad que hacen y todavía no tienen la capacidad de plantearse cómo será su futuro, por qué estan en el mundo o la trascendencia de las cosas que suceden a su alrededor. Viven y sienten con total intensidad, pero centrados en el aquí y ahora. Aprender, jugar y divertirse son sus principales motivaciones durante casi cada momento del día. Por eso cuando un niño está permanentemente triste y no tiene ganas de hacer cosas o está mucho más irascible e irritado todo el tiempo, deben saltar nuestras alarmas y preocuparnos por ello. La depresión infantil no es muy común, pero tampoco es imposible y un niño deprimido puede sufrir igual o más que un adulto en la misma situación emocional.